El otro día vi un video en el que un ingeniero mostraba cuántos plugins y preprocesadores diferentes tenía instalados y cómo conectaba todo por Lightning al Mac para usar esa combinación en producción… Todo parece muy emocionante, claro, pero hay un pequeño detalle - más no significa mejor.
Primero, eso destruye inmediatamente la fiabilidad del sistema (literalmente en el último evento un niño pequeño se acercó gateando e intentó desenchufar la fuente de alimentación :)). Segundo, se pierde el foco en lo esencial - hay que escuchar el sonido en la sala y concentrarse en la atmósfera, no perderse en un plugin dentro de un plugin dentro de un plugin.
A menudo olvidamos que el trabajo principal lo hacen quienes están en el escenario, mientras que nosotros mejoramos la percepción en el local y añadimos color con efectos - eso es todo.
El reparto es: 70% lo dan los músicos, 30% el técnico de sonido - y de ese 30%, la influencia de los plugins es menos del 3–5% (algo que el propio ingeniero admitió al final de su charla). Aunque llenes toda la memoria con ellos y los pongas al máximo - en una actuación en vivo es overhead que solo estorba (en estudio quizás funciona, pero ese no es mi campo).